¿Cuál es tu lugar?

En ciudades de menor tamaño, la gente puede utilizar el espacio circundante para aislarse, para recordarse a sí mismos quiénes son. En Tokio no.

“En Tokio viven y trabajan veinte millones de personas. Es tan grande que nadie sabe a ciencia cierta dónde acaba. Hace mucho que ha cubierto la llanura y ya está empezando a trepar por las montañas situadas al oeste y a ganarle terreno a la bahía en el este. La ciudad nunca cesa de reescribirse a sí misma. Apenas se publica un nuevo callejero cuando ya se ha quedado obsoleto. Es una ciudad alta, profunda y extensa. Siempre hay cosas moviéndose por debajo de tus pies y por encima de tu cabeza. Todas esas personas, pasos elevados, coches, pasarelas, túneles, oficinas, torres, cables eléctricos, apartamentos, suponen un peso enorme. Tienes que hacer algo para no hundirte o puedes terminar convertido en un desecho flotante o en una hormiga en un túnel. En ciudades de menor tamaño, la gente puede utilizar el espacio circundante para aislarse, para recordarse a sí mismos quiénes son. En Tokio no. Aquí simplemente careces de espacio propio, a menos que seas el presidente de una compañía, un gánster, un político o el emperador. En el metro se viaja apretujado contra los demás, cuerpo contra cuerpo, y en los vagones varias manos agarran la misma correa de la barra. Las ventanas de los apartamentos no ofrecen más vista que la de otras ventanas de otros apartamentos.

No, en Tokio el espacio tienes que buscártelo “dentro” de ti mismo (…). Mi lugar existe gracias al jazz. El jazz es un sitio estupendo en el que los colores y las sensaciones no nacen de la vista sino de los sonidos. Es como ser ciego pero viendo más. Por eso trabajo aquí, en la tienda de discos de Takeshi. Nunca se me ha dado bien explicarlo con palabras.”

 
Extracto de la novela “Escritos fantasma” de David Mitchell

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