psicología social

Transformar la realidad que nos paraliza

Transitamos nuestra vida en una vorágine de información, de sensaciones, de necesidades. Nos encontramos permanentemente con una multiplicidad de frentes abiertos: el trabajo (o los trabajos), el estudio, la pareja, los hijos, los amigos, los vecinos, la tele, el móvil, el Facebook… Es cada vez más común sentirnos abrumados, agotados, superados. Frases como “tengo tantas cosas que no sé por dónde empezar”, “estoy superado/a”, “estoy liquidado/a”, “el tiempo no me alcanza para nada”, se hacen cada más comunes en nuestro vocabulario.
Pero resulta que esto que nos pasa, no nos sucede sólo a nosotros, les pasa también a nuestros compañeros de trabajo, a nuestros amigos, a nuestra pareja. Esa sensación de saturación y agotamiento atraviesa también a los grupos humanos y, por ende, a toda la sociedad. Pareciera que la “saturación” es un síntoma de nuestros tiempos y que la única respuesta posible es el estancamiento, el sentirse “paralizados”.
Desde la Psicología Social consideramos que la conducta de las personas es siempre un intento de respuesta coherente y significativa a las tensiones de la realidad, para poder vivir o sobrevivir. Pero ¿cómo respondemos ante una realidad que nos abruma, que nos supera? Será normal sentirse atacados por esta realidad, sentir que no tenemos los instrumentos necesarios para enfrentarla. Una respuesta ciertamente coherente será intentar dividir esta realidad, clasificarla para poder pensarla en situaciones más pequeñas, más posibles de ser abordadas. Será normal también que tengamos la tendencia a separar las cosas básicamente en buenas o malas, como una dualidad, como cosas enfrentadas, opuestas. Cosas que nos sirven y cosas que no, cosas que nos hacen bien y cosas que nos hacen mal: “esto amo de ti, pero esto otro lo odio”, “estás de este lado o del otro lado”…

Este ejercicio de división (que puede ser consciente o no), será una herramienta útil en un primer momento para superar esa primera sensación de sentirse superados y atacados, pero no nos podemos quedar ahí, por el simple hecho de que las cosas, en realidad, no están divididas. Es decir “lo que amamos” y lo “que odiamos” son parte de la misma cosa (nuestra pareja, nuestros amigos, nuestro trabajo, nuestra sociedad). No podemos simplemente “extirpar” las cosas que no nos gustan de alguien. En política cabría pensar que los de “izquierda” y los de “derecha” son parte de una misma sociedad y no pueden unos simplemente expulsar a los otros del país.

Si nos quedamos estancados en esta primera instancia de división, entramos en un juego no saludable de amar, apreciar y defender cada vez más eso que “nos hace bien” y odiar y rechazar cada vez más eso “que nos hace mal”. Pero como estas dos cosas no están en realidad separadas sino que son parte de lo mismo, nunca podremos superar realmente la situación, lo que nos terminará haciendo sentir aún más abrumados, más saturados y paralizados.

Se hace entonces necesario dar un paso, romper esa parálisis. Para la Psicología Social este “paso” es la transición de ese ejercicio de “división” a un ejercicio de “reparación e integración”. Es decir reparar (simbólicamente hablando) eso que habíamos dividido, separado, destruido. Integrar las cosas buenas y malas reconociendo que son parte de una misma cosa, eso que amamos y eso que odiamos son partes de nuestra pareja, de nuestro trabajo, de nuestra familia, de nuestra cotidianeidad. El ejercicio de integrar implica un aprendizaje, un cambio que nos moviliza, que va a generar obstáculos y ansiedades y que difícilmente podamos llevar a cabo en forma individual.

En esta actualidad tan frustrante lo grupal adquiere un valor significativo. Nos referimos a los grupos humanos por los que circulamos habitualmente, los grupos familiares o los grupos laborales por ejemplo. Es aquí donde la Psicología Social nos brinda una mirada superadora, además de un bagaje de herramientas y técnicas para que, en nuestros grupos de pertenencia, podamos mejorar nuestras interacciones, generar instancias de comunicación más efectivas, centrarnos en la tarea cotidiana que le da razón de ser a hacer grupo. Afianzar, mejorar, potenciar nuestros vínculos nos permitirá transformar esta realidad que nos paraliza en una que nos movilice.

 

Gustavo Ereño. Especialista en Psicología Social

Fuente: http://datachaco.com/noticias/view/33401

Un comentario en “Transformar la realidad que nos paraliza

  1. Hola,
    Lo que a mi me sucede es que me paralizo porque no se que es lo que tengo que hacer en ciertos casos.
    No se si es una batalla entre lo que quiero y lo que debo. Sin embargo, otras veces no tengo ni idea de que es lo que me paraliza. Yo suelo achacarlo a que fui una niña sobreprotegida y es algo que me fastidia mucho porque me provoca mucha desorientación. Es desconcertante saber que hay que hacer algo pero no tener ni idea de que es ese algo. La verdad es que me siento como una idiota. Cuando era mas joven sabia que lo que me sucedía era por mi timidez, pero una vez que he superado parte de esa timidez, me ha quedado como un poso. Y ese poso es eso que me paraliza.
    A mis 45 años me sigue fastidiando llevar aun de rastras las secuelas de la sobreproteccion y aunque trato de superarlo, no es tan fácil. Me gustaría seguir algunas pautas para ir mejorando, pero solo me encuentro con que tengo que mejorar mi autoestima. A veces no me parece suficiente con saber el ‘que’, sino el ‘como’; porque sabiendo esto ultimo, ya puedo hacerlo yo. No me gusta que me den las cosas hechas.

    Gracias

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