sentimientos

Querer tener razón

Menuda pesadez andar por la vida queriendo tener razón. El Dr. Demartini dice en uno de sus libros: “No estamos aquí para tener razón, sino para amar”. Todos queremos defender nuestros mapas como si fueran los del tesoro. Nuestro convencimiento sobre las cosas y las personas es tal que sin darnos cuenta desacreditamos el convencimiento de los demás.

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Embrollo emocional

No sabemos qué nos pasa. No nos aclaramos. Sólo sabemos que nos sentimos muy mal. Sufrimos: sucede cuando recibimos la información interna de muchos sentimientos y emociones que confluyen a la vez. Incluso algunas de estas emociones se contradicen entre ellas, aparentemente. De todo este bombardeo estimular interno sale un output que puede ser: Me siento fatal, estoy hecha un lío, no me aclaro. Uno puede sentirse a la vez sorprendido, irritado, confuso, humillado, triste, frustrado, cansado y solo.

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¿Dónde escondo la ternura?

Es muy frecuente en nuestra cultura que se eduque a los hijos varones enseñándoles que no es bueno mostrar sus sentimientos, especialmente la ternura. “Los hombres no lloran”, les dicen. Se valora, en cambio, la bronca como sinónimo de fuerza. El chico aprende así que no se puede ser tierno y fuerte a la vez.

Como consecuencia de estas enseñanzas, muchos hombres no pueden expresar con libertad sus sentimientos. Se reprimen por miedo a que los crean débiles o poco masculinos.

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Encontrar la palabra justa

Somos sólo palabras, palabras que retumban en el éter. Palabras musitadas, gritadas, escupidas, palabras repetidas millones de veces o palabras apenas formuladas por bocas titubeantes. Yo no creo en el Más Allá, pero creo en las palabras. Todas las palabras que las personas hemos dicho desde el principio de los tiempos se han quedado dando vueltas por ahí, suspendidas en el magma del Universo. Esa es la eternidad: un estruendo inaudible de palabras. Y a lo mejor los sueños también son sólo eso: a lo mejor son las palabras de los muertos, que se nos meten en la cabeza mientras dormimos y forman imágenes (La Hija del caníbal. Rosa Montero)

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