emociones

El cerebro masculino (por Redes)

¿Cuántas veces ha sentido una mujer que su pareja masculina no sabe comprender sus sentimientos? La explicación vendría dada por una diferencia en la manera de utilizar determinadas regiones del cerebro a la hora de abordar los problemas de la vida. Los hombres pasan antes a la resolución, saltándose la etapa de análisis de los sentimientos del otro. Estas y otras conductas separan a hombres y mujeres por diferencias cerebrales y hormonales. La neurobióloga Louann Brizendine descubre en Redes las etapas en la vida del cerebro masculino y su relación con el otro sexo; un camino plagado de altibajos hormonales que marcan la vida personal de todo hombre y su entorno.

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La gestión adaptativa de la culpa

Tan pronto como percibimos que el hecho de seguir determinadas pautas de conducta nos conduce a la autodestrucción, llega el momento de poner en cuestión nuestro modelo de actuación y nuestras normas. Si partimos del concepto de culpa como deuda, ésta sólo se podrá saldar mediante el castigo o el perdón y reparación.

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Querer tener razón

Menuda pesadez andar por la vida queriendo tener razón. El Dr. Demartini dice en uno de sus libros: “No estamos aquí para tener razón, sino para amar”. Todos queremos defender nuestros mapas como si fueran los del tesoro. Nuestro convencimiento sobre las cosas y las personas es tal que sin darnos cuenta desacreditamos el convencimiento de los demás.

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Embrollo emocional

No sabemos qué nos pasa. No nos aclaramos. Sólo sabemos que nos sentimos muy mal. Sufrimos: sucede cuando recibimos la información interna de muchos sentimientos y emociones que confluyen a la vez. Incluso algunas de estas emociones se contradicen entre ellas, aparentemente. De todo este bombardeo estimular interno sale un output que puede ser: Me siento fatal, estoy hecha un lío, no me aclaro. Uno puede sentirse a la vez sorprendido, irritado, confuso, humillado, triste, frustrado, cansado y solo.

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¿Dónde escondo la ternura?

Es muy frecuente en nuestra cultura que se eduque a los hijos varones enseñándoles que no es bueno mostrar sus sentimientos, especialmente la ternura. “Los hombres no lloran”, les dicen. Se valora, en cambio, la bronca como sinónimo de fuerza. El chico aprende así que no se puede ser tierno y fuerte a la vez.

Como consecuencia de estas enseñanzas, muchos hombres no pueden expresar con libertad sus sentimientos. Se reprimen por miedo a que los crean débiles o poco masculinos.

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