Ser creativo

Ser creativo es saber jugar con las formas preestablecidas, barajarlas y volver a dar. No es sacar conejos de la galera, es hacer dulce con lo que hay. Desapego de lo automatizado, diferenciación sana con el entorno para revelar la autenticidad, la capacidad para auto-resetearse, la autonomía, la inusualidad, la sensibilidad.. ¡Claro!, no se puede percibir lo nuevo con el intelecto.

Con la creatividad creas tu vida. Con su antagonista la repites.
El problema aparece cuando ante la misma dificultad utilizas la misma estrategia, la misma respuesta, dando como resultado: más de lo mismo.
Es un recurso valioso, necesario, y como todo, se entrena. Tiene su sede biológica en el hemisferio cerebral derecho y la puedes evidenciar a tu alrededor cuando ves a la naturaleza como tu maestra… nada más creativo y perfecto, y a la vez imperfecto.
La creatividad no se asoma cuando hay perfeccionismo, “deberías” incrustados, mandatos, o cuando tienes los ojos pegados al afuera como si te estuvieran viendo y evaluando. No. Sale de adentro.
O creas, o reaccionas (siempre igual). Lo primero te libera. Lo segundo te hace prisionero de ti mismo y cada vez más rígido.

“Mientras sea creador -dijo un filósofo viejo-, por bajo que sea el nivel de su creación, un hombre puede considerarse verdaderamente libre”.

 

Gabriel Marcel

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