Priorizar: una sola cosa a un tiempo

Muchas personas piensan que tener una vida muy ocupada y una agenda sobrecargada es señal de éxito. Y entre estas personas están los perfeccionistas. Por eso, un riesgo para los perfeccionistas es pretender abarcarlo todo, estar en todo, ser sal de todos los platos. Su contrario es señal de fracaso, de no estar a la altura de lo que de ellos se espera.

Frente a esta tendencia, hay que ir a lo esencial y tolerar la presión de todos aquellos agentes que impiden proseguir por el camino ascendente de la perfección.

Por eso, la recomendación es simplificar al máximo la propia vida con el fin de concentrar las energías en lo que verdaderamente interesa. La sobrecarga de actividades a realizar absorbe mucha energía, da igual que estas actividades se refieran al trabajo, las relaciones sociales o familiares, el ocio, etc. De ahí que si reducimos nuestros quehaceres, dispondremos de más potencia energética para realizar lo que realmente nos interesa con una mejor calidad.

Hay que comenzar por ordenar la propia mente, definiendo de forma muy precisa qué es lo que se quiere, cuáles son nuestros sueños y proyectos. No se trata de vivir de los sueños del otro, o de lo que otro considera que es bueno para su propia vida. Para hacernos totalmente responsables de nuestra vida, debemos adueñarnos de nuestros proyectos. Esto exige ordenar las ideas, los sentimientos, en definitiva la propia vida, pues como recomienda Paul Burget, uno debe vivir de acuerdo con lo que piensa, porque de lo contrario corre el riesgo de terminar pensando de igual manera que ha vivido.

Establecer prioridades, hacer lo que a uno más le gusta o aquello en lo que está más comprometido, ordenar la agenda de los debería de… Esto requiere prescindir de una serie de proyectos ya caducos que nunca se realizarán. Hay personas de mediana edad que viven agobiadas desde hace años por su proyecto de aprender inglés o aprender a jugar al tenis o al golf. En general, los proyectos que tienen seis meses de vigencia y no se han ejecutado, están ya caducos y son inservibles. Es posible que no se realicen en los próximos seis años. Por ello, conviene desecharlos. De igual modo, realizamos muchas actividades inservibles que no tienen apenas valor para nosotros.

Por todo ello, parece muy recomendable fijar una prioridad a las propias actividades, trabajar en una sola cosa cada vez, hasta completar los proyectos diseñados, y muchas veces decir no a las propuestas que nos hacen.

Domingo García-Villamisar

Orientación psicológica on line

Publicado el:22/03/2011admin

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