Preguntas inquietantes

 ¿Qué sentido tiene querer mejorar el mundo sin haber comprendido los mecanismos por los cuales generamos nuestros propios dramas cotidianos? ¿Qué estamos entendiendo realmente de la historia si somos incapaces de entender nuestra propia vida?  ¿Qué tipo de medicina es aquella que, siguiendo unos protocolos, diagnostica sin saber nada de la vida del “paciente” y que hace de las estadísticas más una superstición que un recurso matemático? ¿A qué conduce una educación dirigida a mantener una cultura renunciando a la creatividad de los alumnos para cambiarla? ¿Qué sentido tiene enamorarse de alguien sin entender nuestras emociones, sin conocer los estados de necesidad de nuestro propio ego? ¿Qué lógica tiene que padres y profesores claramente infelices den lecciones a sus hijos y alumnos sobre lo que les conviene?

Preguntas inquietantes que todos podemos hacernos, pero la pregunta más inquietante de todas es: ¿por qué no nos las hemos formulado antes, por qué no aparecieron ya en nuestra educación?

No fuimos educados para despertar la mente, sino para dirigirla hacia un paradigma en el que el juego consiste en no saber quiénes somos, en desconectar nuestro ego de nuestra esencia, en renunciar a nuestra propia sabiduría para dar paso a una jerarquía de autoridades que someten nuestra inteligencia a unas determinadas creencias. En definitiva, fuimos educados como seres humanos desempoderados.

Pero algo está cambiando en nuestro interior: empezamos a hacernos preguntas como las anteriores, preguntas inquietantes para una educación en autoridades, preguntas dirigidas a liberar nuestra inteligencia de las cajas de las creencias limitantes en las que fuimos educados.

Las preguntas referidas anteriormente son solo la primera tanda, la siguiente aumenta su impacto sobre la línea de flotación de la educación que recibimos, y son las cuestiones más comprometidas con nuestra vida. He aquí la pregunta semilla de todas ellas: ¿a qué creencias hemos cedido nuestra identidad, a qué banderas hemos entregado nuestra libertad en aras a sentirnos reconocidos por el grupo?

Para convertirnos en seres humanos empoderados será necesario formularse esta segunda tanda de preguntas, y tener el valor de asumir en nuestra vida las respuestas obvias que iremos obteniendo.

 

Fuente: Encuentros con tu propia sabiduría

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