Los retos de la pareja en la mitad de la vida

Yo a menudo visualizaba nuestro matrimonio como una única y prolongada conversación (Siri Hustvedt)

“No tengo tiempo”. “No puedo hacer aquello que en realidad deseo”. “Llevo el peso de mucha responsabilidad”. “Me siento atrapado/a”.

Hay quien vive una vida tan llena de obligaciones que, en realidad no vive. Pero es la vida que cada día está decidiendo vivir y es importante recordarlo. Toda elección tiene precios. Quizás algunos de nosotros hemos elegido una pareja, tener y educar a los hijos, pagar una hipoteca de un piso, vivir con cierto nivel de vida, cuidar de unos padres mayores, atender a los nietos… Seguramente quisiéramos quedarnos sólo con la parte deseada de estas elecciones evitando los precios a pagar. Pero esto no es posible y por lo tanto es esencial tomar buenas decisiones, diferenciar lo que es importante de lo que es superfluo, y lo que es o no coherente con nuestros valores personales. No hacerlo sólo nos llevará a la infelicidad.

¿Qué retos tiene un matrimonio o pareja en la mitad de su vida? Trabajar para obtener cierta calidad de vida, saber conjugar el tiempo dedicado al trabajo y el tiempo necesario para cuidar la relación de pareja (mantener la capacidad de sorpresa, el misterio, mimar la intimidad, profundizar en la comunicación); conocer, educar a los hijos facilitando su autonomía; y continuar desarrollando el propio proyecto individual y familiar.

En esta etapa aparecen problemas derivados del transcurrir de la vida y de los mayores o peores aciertos en su gestión: enfermedades de los padres o de familiares, pérdida de personas significativas, dificultades en la educación y relación con los hijos, problemas económicos y sociales. Hay personas que viven esta etapa sintiéndose como emparedadas entre las demandas de dos generaciones: los hijos y los padres.

Los paisajes emocionales diferentes a los esperados pueden vivirse mal, e incluso ser vistos como algo ajeno a la propia vida. Uno puede pensar que son transiciones temporales hasta volver a recuperar la ruta prevista. Pero, a veces se alargan en el tiempo. ¿Cuándo será mi momento?, se preguntan.

Lo cierto, es que éste es también su momento y su vida. Y es una parte que merece ser vivida aunque estemos inmersos en actividades, problemas y obligaciones.

Lo mejor de todo es que, conviviendo con estos paisajes, hay muchas oportunidades de gozar de otros aspectos de la vida: el desarrollo de la serenidad y confianza en uno/a mismo/a, el aprendizaje de la madurez y la aceptación de quienes somos, la capacidad de aplicar la sabiduría extraída de lo vivido, el cultivo y respeto del propio tiempo, una sexualidad más plena con la pareja, la sensualidad fruto de conocer, saber atender y escuchar mejor a nuestro cuerpo, el goce de los sentidos, la contemplación de la belleza que nos rodea, la satisfacción de culminar el proceso de educar a los hijos… Esta etapa también forma parte de la vida real de cada persona y ¡realmente vale la pena!

Soler y Conangla

 

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