¿La rutina destruye una relación?

Si te preguntan qué puede arruinar el amor en la pareja, es muy probable que pienses que la rutina es una de las razones, ya que rápidamente se asocia a un tipo de vida aburrido, carente de sorpresas y poco estimulante. De hecho, algunas parejas evitan a toda costa vivir juntas precisamente por huir de la rutina, de lo cotidiano, que para éstas es sinónimo de monotonía.

A menudo se confunde la rutina y el ritual, éste último cargado de simbolismo, como señala la sexóloga y terapeuta Ghislaine Paris. Desayunar, hacer las tareas de la casa o leer todos los días juntos/as es repetitivo, sí, pero tranquilizador, como una pieza de música conocida. Lo cotidiano es, en realidad, el cimiento de la relación.
 
La rutina es una magnífica aliada para los/as miembros de la pareja, ya que les proporciona estabilidad y seguridad. La vida cotidiana se vuelve monótona o aburrida, no por llevar una rutina con tu pareja, sino por dejar de evolucionar individualmente, permaneciendo acomodados/as en una relación previsible y sin riesgos.
La clave está en preservar la sorpresa, la creatividad y el misterio y en no dejarse llevar por la corriente de lo conocido, fácil y seguro, manteniendo el afán de renovación, que facilita la creación de elementos nuevos en la relación de pareja.
 
Además de cuidar lo anterior, como es sabido, es fundamental mantener una buena comunicación, respetuosa. Somos conscientes de que las salidas de tono nos hacen daño y que tolerarlas es perjudicial para nuestro amor propio (autoestima). La falta de diálogo o un diálogo habitualmente pasivo o agresivo deteriora la vida cotidiana en pareja. Un error habitual es creer que nuestra pareja conoce en todo momento nuestras necesidades y lo que esperamos de ella. Es difícil que nuestra pareja intuya siempre y con acierto lo que estamos pensando o sintiendo, con lo cual, es más sencillo y eficaz comunicárselo directamente. Nos conviene ser capaces de expresar a nuestra pareja nuestros deseos, sentimientos, necesidades, opiniones, quejas, … y hacerlo respetándola y de forma que nos entienda.
 
Para ello, podemos tener en cuenta una serie de pautas asertivas:
 
Expresar nuestros deseos y necesidades como peticiones, y no como demandas exigentes, para no generar defensas y facilitar la empatía: “me gustaría que llegaras antes a nuestras citas para no tener que esperar tanto” en vez de “tienes que llegar antes”. Aunque pueda parecer obvio, hay veces que no se cae en la cuenta de lo que se le ocasiona al otro/a.
 
La comunicación verbal debe ir acorde con la no verbal.
 
Escuchar atentamente a nuestra pareja para comprender lo que nos dice, mirándola de frente. Y después repetir con nuestras palabras lo que hemos entendido ayudará a que perciba más claramente que la hemos escuchado. Después es tu turno para replicar.
 
Tener clara esta premisa: “Yo soy quien se siente de un modo u otro y no son los/as otros/as quienes me hacen sentir de un modo un otro”. Entre estímulo y respuesta hay un espacio. En ese espacio está nuestro poder para elegir nuestra respuesta. En nuestra respuesta radica nuestro crecimiento y nuestra libertad, decía Viktor E. Frankl. Es decir, nos hacemos cargo de lo que sentimos y pensamos y lo expresamos por ejemplo diciendo “me siento mal cuando llegas tarde”, en vez de “me irritas cuando llegas tarde”.
 
Es mejor hacer preguntas (“¿no has podido tirar la basura?”), que acusaciones (“¡vas a lo tuyo, no tiras la basura!”).
 
Al hacerle una crítica, hay más posibilidades de que tu pareja cambie si te refieres a los hechos (“úlltimamente se te queman las tostadas ¿podrías estar más pendiente para sacarlas antes?”) que a su persona (“quemas siempre las tostadas ¡Eres un desastre!”).
 
Evitar acumular emociones negativas sin comunicarlas, ya que podrías “explotar” un día de forma inapropiada y destructiva.
 
Intentar no utilizar los términos “siempre” o “nunca”, excesivamente generales, ya que rara vez son del todo ciertos y tienden a etiquetar a las personas. Así, es preferible que digas por ejemplo “a veces me siento desorientada con tu comportamiento”, a que sentencies: “nunca entiendo lo que haces”.
 
Rehusar la “excesiva sinceridad”; esto es, pensar muy bien las cosas antes de hacer declaraciones a tu pareja que puedan ser dañinas para ambos. En todo caso, usar un lenguaje constructivo para expresar lo que quieres y necesitas.
Y muchas más estrategias de comunicación asertiva o no violenta que existen de las que podemos servirnos para dirigirnos con empatía, cuidándonos a nosotros/as mismos/as y a quienes queremos para que nuestras relaciones perduren.
 
Autora: Carmen López
 
Imagen: Casalbook

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