La palabra del adulto y la cárcel del personaje

Lo que encierra a cada niño dentro de un personaje cualquiera, y lo obliga a jugar hasta el final de sus días dicho personaje, es la palabra del adulto. Es el adulto quien le da nombre al niño. Le da una identidad. Luego, los adultos y los niños creemos que aquello que ha recibido un nombre a partir de una circunstancia fortuita se convierte en lo que el niño es.
Ese adulto que nombra lo que el niño supuestamente “es” suele ser la persona con quien el niño se identifica más. Por lo general es la madre. Es decir, lo que la madre diga se va a convertir en “palabra santa” para el niño. A veces puede ser el padre o la abuela, depende del valor que se le adjudique dentro de la familia a cada uno de estos adultos.
La cuestión es que hay un adulto que da identidad al niño a través de un rasgo que lo caracteriza, sea positivo o negativo, por ejemplo el “llorón”, el “inteligente” o el “independiente”.
Todo personaje tiene ventajas que actúan como habilitadores de mirada y aceptación, y desventajas, que generalmente son aquellas que nos encierran en esa única manera en que los demás nos reconocen. El sufrimiento que genera “la cárcel del personaje” es lo que necesitamos reconocer y modificar, con el fin de ayudar a nuestros hijos a asumir la libertad de navegar entre múltiples posibilidades. 

Laura Gutman
Imagen: Acuarela de Rubén de Luis

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