La “mala suerte”

“Todo me sale mal”, “Qué mala suerte tengo”, “Soy gafe”. Son las frases que se repiten algunas personas cargadas de angustia, desconsuelo o amargura, producto de determinadas situaciones que les han salido mal. A veces se confunden desilusiones, contrariedades o frustraciones con una especie de “estado” o “entorno” que más allá de ellos mismos, les impone una “mala suerte” y les impide tener éxito, bien sea en el trabajo, en su vida, o en el amor.

Pero, ¿realmente los desengaños o los fracasos se deben atribuir a la mala suerte o, en gran parte, las personas son responsables de lo que les ocurre?

El futuro no puede ser decidido por la buena o mala suerte, ya que, si alguien hace un esfuerzo, estudia, trabaja, planifica, traza metas y procura alcanzarlas, muy probablemente triunfe en su vida. Algunos dirán que tuvo suerte, pero él sabrá que decidió superarse y lo logró. Una persona optimista que busque ser feliz y esté dispuesta a salvar los obstáculos que sin duda se le presentarán, tenderá a tener lo que llaman “buena suerte”. Quien no se desarrolle, se prepare, gestione un empleo o comience una actividad productiva o tenga por meta constituir un hogar y crear felicidad, obviamente no lo alcanzará. Luego dirá: “¡Qué mala suerte!”. Hay personas propensas a los accidentes. Sin embargo, cuando se investiga el por qué, se encuentra que son inseguras o no miden las consecuencias de los peligros. Una vez que se instruyen y reciben recomendaciones de cómo evitar estos incidentes, dejan de presentarlos.

Ejercicio para los creyentes en la “mala suerte”

Cuando te acontezca algo desagradable, pregúntate cómo lo hubieras podido evitar. Si tiene una respuesta, te darás cuenta de que no fue debido a la mala suerte… La “buena suerte” se puede construir, si nos lo proponemos.

 

Psicoterapia on line

Publicado el:26/06/2011admin

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