La madre y la esposa dependiente

El nuevo rol femenino ofrece un abanico vital de multiplicidad de situaciones. Sin embargo, el vínculo entre la imagen de la mujer y la de madre sigue muy vigente.

La misión de la madre no es servir de apoyo, sino hacer que ese apoyo sea innecesario” (D. C. Fisher)

Hay un patrón que no varía: el papel de la mujer como pilar en la vinculación de los miembros del “clan”.  Cuando una madre –o la abuela- desaparece, la piña familiar parece deshacerse, el clan se dispersa, la familia se atomiza y es difícil mantener la unión. Pocas veces el padre consigue mantener a la familia hermanada cuando ya no está el tronco, su fundamente, su germen, su mayor defensa y su inspiración.

La sociedad ha adjudicado el papel de sostén emocional de la familia a la madre. Ello la ha obligado a realizar grandes sacrificios, a despojarse de todo individualismo, a dar prioridad a los demás. Lo personal, su tiempo, sus sueños, sus libertades, ella misma, han pasado a un segundo plano. Es evidente que la capacidad de abnegación, entrega y sacrificio de la mujer no tienen límites.

Tradicionalmente se espera de la mujer que es esposa y madre que sea donadora y sacrificada. Que sea invisible, o sea, hacerse nada, silenciosa. Que todos se sientan bien gracias a ella. Esto, por suerte, está cambiando. Es especialmente en el seno familiar donde el hombre ha dejado de ser el rey de la casa y la mujer ha dejado de ser su servidora.

Sin embargo, la mujer sigue manteniendo su tendencia a la dependencia. A pesar de los cambios que permiten a la mujer vivir como sujeto independiente, emancipado y con criterio propio, las mujeres siguen con un vacío que las lleva a veces a tener hijos como necesidad egoísta, para “ser alguien” y para encontrar sentido a su existencia. A veces los tiene para “atar” a “su hombre”. Teniendo un hijo con él será más difícil perderle. En estos casos tienen hijos no para traer a un nuevo ser y regalarlo al mundo, sino para que el hijo dé sentido a su existencia y las llene. Esto ocurre también cuando la relación con el marido es inestable y carente de afecto y plenitud.

Una mujer necesitada y dependiente mantiene a un marido necesitado y dependiente y crea a un hijo desde la dependencia. Así se prolonga la persona dependiente, generando personas necesitadas, creando una humanidad y una sociedad necesitadas. Se cultiva la cultura de la escasez y de la carencia: siempre estamos necesitando y nunca tenemos bastante.

Otra situación que se da surge de la inmadurez emocional de los hombres. Mientras los varones sigan subdesarrollados emocionalmente en su relación con las mujeres, actuarán a menudo como un hijo más que como una marido. Muchas mujeres se quejan de que sus maridos actúan como si fueran sus hijos. “Yo quiero que mi marido sea mi marido, no un hijo más”. Un hombre que en su vida profesional, social y pública parece resuelto y decisivo, en su vida privada y de pareja se comporta como un adolescente. Esto no es un misterio, ya que a los hombres se les prepara para hacerse hombres en el terreno laboral, deportivo, político y sexual, pero no reciben educación emocional y afectiva para relacionarse con madurez en las relaciones íntimas y cercanas como esposos o padres.

Si a los ojos del hombre, la mujer –su compañera o esposa- ocupa el lugar de su madre, aunque sea un proceso inconsciente, el hombre comenzará a buscar su aprobación, o la temerá, tratará de impresionarla y evitará disgustarla. A veces se enfadará con ella por motivos infantiles y poco relevantes. La conducta maternal de la esposa hacia el marido nutre sus conductas adolescentes e incluso infantiles. Cada uno debe ser responsable de trabajarse simultáneamente para llegar a obtener unos vínculos de pareja maduros.

Otro efecto directo de esta relación maternal de la mujer con su marido es que el foco de la sexualidad del hombre no está puesto en ese vínculo. Buscará a otra mujer que esté despojada de toda energía maternal. Con ella tendrá un contacto efímero, de evitación afectiva y de ligue pasajero.

Cuando el marido es un padre ausente o no está preparado para comunicarse emocionalmente con sus hijos, las madres cubren el vacío de la educación emocional paterna sobreprotegiendo a sus hijos. Así, los hijos varones crecen con esta dependencia emocional respecto de la madre.

La madre dependiente y frustrada ante la separación del marido se siente posesiva respecto a los hijos y no facilita que éstos disfruten del padre. Entra en un juego emocional para hacérselo pasar mal al padre. De esta forma, quienes sufren son los hijos. Sólo en la compañía emocionalmente presente de un varón, un niño puede convertirse en un hombre.

Miriam Subirana

 

One thought on “La madre y la esposa dependiente

  1. wow!! Es como si hubieses entrado a mi casa y visto mi vida!! En mi casa vivimos esa situaciones que apercen descriptas en este blog, todas!! Es lamentables esta situación, y muy común. La educación emocional debería enseñarse en lase escuelas ya y la educación espiritual también. Ojalá las cosas empiecen a cambiar, pero es necesario un cambio interno de des cada uno.

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