La contaminación emocional es el fenómeno por el cual somos capaces de lanzar al exterior, de forma totalmente indiscriminada e irresponsable, nuestras basuras emocionales, prescindiendo del impacto que van a tener en el clima emocional global del conjunto.

La gestión desadaptativa de nuestras emociones se produce cuando no aplicamos la regla de Aristóteles: Expresar lo que sentimos a la persona adecuada, en el momento adecuado, con el propósito justo y de la forma correcta. Porque ¡cuántas veces nos enfadamos con una persona y descargamos la tensión emocional en otra distinta, o bien expresamos lo que sentimos pero sólo para vengarnos y hacer daño! Cuando prescindimos de esta regla, de forma habitual y sin ningún tipo de precaución, nuestras relaciones personales se resienten y, muy especialmente, nuestra relación de pareja.

La abulia, la ansiedad, los celos, el desánimo, el enojo, el mal humor, el rencor y el resentimiento, así como la preocupación, la agresividad, la posesividad y el egoísmo son algunos afectos y conductas de elevado riesgo de contagio y peligrosamente contaminantes. Será preciso aprender a manejarlas con prudencia para preservar el clima emocional ecológico de nuestras relaciones. No es justo abusar de la confianza de los otros para utilizarla de vertedero emocional. Si lo hacemos así, el deterioro de nuestra relación será progresivo y, a veces, irreversible.

Soler y Conangla. Ecología emocional

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  1. Totalmente de acuerdo. Aristoteles era un gran filosofo y sus reflesiones ayudan mucho y dan que pensar

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