La comunicación con los hij@s adolescentes

Estudios recientes han constatado que, a pesar de su habitual oposición y desconexión con la familia, los hijos adolescentes desean llevarse bien con sus padres. Comprender el proceso por el que están pasando nuestros hijos y recordar que nosotros también fuimos adolescentes nos ayuda a ser más pacientes y sobrellevar mejor esta fase.

La adolescencia es una etapa maravillosa, a la que todos llegamos por primera vez en estado puro, con ganas de explorar, de experimentar cosas nuevas,  vivir sensaciones fuertes, donde todo es posible… No obstante, muchos padres y madres ven que los que eran sus adorables niños pequeños ahora se han convertido en unos seres extraños que les cuestionan continuamente, y, por su parte, la mayoría de los adolescentes se sienten poco escuchados e incomprendidos por sus padres cuando más necesitan reafirmar su independencia.

Aparte de los rápidos cambios físicos, hormonales y emocionales que acontecen en esta fase de su desarrollo, los adolescentes se encuentran en la tarea de construir su identidad. Para ello tienden a alejarse más de sus padres y a acercarse más a los jóvenes de su misma edad. Algunos padres no llevan bien esta separación y culpan a los amigos de la “mala” conducta de sus hijos. Como consecuencia, el adolescente forma una mayor alianza con sus pares y se distancia aún más de la familia.

En lugar de culparles por su alejamiento, conviene darles un contexto seguro, de aceptación, en el que puedan experimentar la independencia y la privacidad, sin que ello les suponga una amenaza. Hemos de otorgar un valor importante al desarrollo de su autonomía.

Si fueron sentadas unas bases comunicativas en los años anteriores, los conflictos en esta fase no serán excesivamente mayores.

¿Qué hacer cuando no existe esa base? Estamos a tiempo de reconducir la situación, siendo verdaderamente conscientes del proceso por el que están pasando nuestros hijos y de nuestra responsabilidad como padres.

Escuchémosles primero. Con frecuencia, los adolescentes suelen quejarse de recibir continuas reprimendas y de que sus padres no los escuchan. Tan importante es marcar unos límites y decir “no” a nuestros hijos como prestarles atención cuando quieren expresarnos su punto de vista y lo que sienten. Antes de sentenciar nada, intentemos escucharles poniéndonos en su lugar, ya que algunos aspectos que los adultos consideramos insignificantes, son de vital importancia para ellos. Además, cuanto más se sientan escuchados, más receptivos estarán posteriormente para escuchar y aceptar lo que sus padres tienen que decirles.

Negociar lo negociable. Hay situaciones que no son negociables y en las que tenemos que ser firmes (tomar drogas, llegar muy tarde a casa), pero hay otras muchas (estilo de vestir o de peinarse, jerga juvenil) en las que no merece la pena entrar en una lucha de fuerzas, aparte de que no estaríamos respetando su soberanía en cuestiones en las que tienen derecho a tenerla. En este sentido, distinguir lo fundamental de lo accesorio evitará que nos embarquemos en continuas disputas con nuestros hijos.

Nuestro ejemplo. Para poder exigir respeto a nuestros hijos, los padres debemos comportarnos también respetuosamente con ellos. Los jóvenes desafían y ponen a prueba muchas veces a sus padres, buscan provocar reacciones como prueba de su existencia, y esto suele irritar a los padres. En estos casos, lo mejor es hacer acopio de nuestra paciencia y evitar dar rienda suelta a nuestro enfado siempre que se pueda, teniendo especial cuidado en no descalificar o humillar a nuestro hijo.

Evitar la sobreprotección. Es nuestro deber aconsejarles y orientarles, porque todavía necesitan nuestra guía, pero no así protegerles de las consecuencias de sus propias decisiones. Hemos de enseñarles a ser responsables de sus actos y solo intervenir cuando las consecuencias pueden ser graves.

Humor. El sentido del humor es un recurso eficaz para desbloquear conflictos. Es interesante su uso de vez en cuando para desdramatizar situaciones que sin humor resultarían más difíciles de llevar.

Nuestra presencia. Por último, no olvidar que lo más importante con nuestros hijos es nuestra presencia… Realizar actividades con ellos fuera de casa (hacer una excursión, salir a comer, ir a ver una obra, a un concierto…), con el fin de compartir con ellos más espacios de su vida y no solo el ámbito del hogar, favorece que padres e hijos disfruten de buenos momentos juntos y se sientan más unidos.

 

Carmen López Gonzálvez

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *