Historia de Elisha: Escondiéndose debajo de la mesa

“Mis padres se divorciaron cuando yo tenía seis años. La primera vez que reunieron a sus tres hijos y nos hablaron de la separación, yo escuché con el corazón desconsolado, pero sin derramar una sola lágrima. Mi madre me preguntó: “¿Cómo estás, Elisha? ¿Entiendes lo que ocurre?”. “¡Claro que lo entiendo! -respondí enfadado-. ¿Pero qué quieres que haga, golpearme la cabeza contra la pared hasta llorar?”. Por supuesto que me sentía dolido y enfadado. No en vano mis cimientos -los cimientos sobre los que, hasta entonces, se había sostenido mi familia- estaban desmoronándose bajo mis pies.

Entonces empecé a actuar de manera un tanto compulsiva. Y entre otros lugares, lo hacía en los restaurantes. Me molestaba mucho que gastásemos un dinero del que carecíamos yendo a comer al restaurante cuando podríamos comer perfectamente en casa. En tales casos, tenían que llevarme a rastras hasta el coche y, a modo de protesta, me pasaba el tiempo, una vez en el restaurante, escondido debajo de la mesa.
 
Años después descubría que, cuando discutía con mi mujer, en lugar de cobrar conciencia de la situación y de mantener contacto con ella, reaccionaba insensibilizándome emocionalmente, limpiando la casa, encendiendo la tv y distrayéndome, en suma, de un modo u otro. Lo cierto es que me sentía impotente y no sabía qué hacer con todo ello. Un día que fui a terapia y describí lo que me estaba ocurriendo, el psicólogo comentó: “Cuando te enfadas, te ocultas debajo de la mesa”. Y entonces fui consciente de que la respuesta que daba a mi pareja se basaba precisamente en la misma estrategia que había utilizado cuando era niño. Cuando finalmente me di cuenta de cómo mi experiencia infantil estaba influyendo en mi relación, pude permanecer más presente a ese ciclo reactivo, y en lugar de escapar del sufrimiento empecé a acercarme a él. Eso no solo me hizo sentir más seguro, sino más conectado también con mi mujer. Y aunque, a veces, todavía me descubro escondiéndome metafóricamente debajo de la mesa, me doy cuenta mucho antes de esa reacción compulsiva. Y, en tal caso, puedo sonreír y abrazar al niño que hay en mi interior y hacerle saber que las cosas acabarán arreglándose.”
 
Bob Stahl y Elisha Goldstein – Mindfulness para reducir el estrés

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