Hablemos de emociones

Como la mayoría de las áreas, los niños observan cómo sus padres experimentan, expresan y viven las emociones y lo incorporan como modelos a seguir. Cuando ven que las personas que les rodean se permiten estar alegres, enfadados o tristes, y reciben una explicación acorde a su edad de qué es lo que están sintiendo y qué es lo que ha ocurrido para que se sientan así, los niños podrán ir aprendiendo, entendiendo e incorporando qué es adecuado sentir, y cómo expresarlo.

Los niños necesitan poner nombre a las emociones que están experimentando. En familias donde se niegan los sentimientos y no se habla de lo que les pasa a ellos, a los padres o a las personas que les rodean, los niños pueden acabar confundidos.

El aprendizaje del niño requiere respuestas inmediatas y adecuadas a lo que está experimentando. Los niños se sienten fácilmente invadidos por sus emociones y necesitan a los adultos (figuras parentales) para que les ayuden y les enseñen a expresarlas. Para ellos “lo bueno” y “lo malo” son aquellas cosas que los padres y los maestros aprueban o desaprueban. Y es importante considerar que, hoy en día, un niño de ocho años ya ha vivido muchas más experiencias emocionales (guarderías, separaciones, cambios de vivienda) y ha recibido mucha más información (TV, Internet, videojuegos) que los niños de la misma edad de generaciones anteriores.

Si el niño no puede expresar lo que siente, necesita que le escuchen sus lágrimas, sus rabietas o sus terrores, si nadie considera valiosos sus sentimientos o no le confirma que lo que siente está bien y que tiene derecho a comunicar lo que le sucede, entonces el niño puede llegar a borrar lo que experimenta en realidad, disimulando sus sentimientos o bien mostrando otra emoción en lugar de la que está sintiendo. Es importante “escucharles y darles una explicación en un lenguaje que ellos comprendan”. Lo principal es que lo que pensamos y sentimos nosotros, como figuras parentales, sea coherente con el mensaje que les estamos transmitiendo, ya que es más probable que el niño capte con mayor efectividad y credibilidad nuestros mensajes no verbales con componente emocional que lo que le digamos de palabra.

Las investigaciones del doctor John Gottman indican que ignorar las emociones puede tener consecuencias negativas a largo plazo para los niños (Gottman, Katz y Hooven, 1997). Al compararlos con niños criados por padres que evaluaron y guiaron las emociones, los niños cuyos padres ignoraron o les dieron poca importancia, tuvieron más problemas de comportamiento, más dificultad con sus amistades, rendimiento académico más bajo y mayores problemas de salud en general.

 

Macarena Chías y José Zurita. EmocionArte con los niños

 

Publicado el:24/11/2010admin

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