Gratitud: salud y placer

Hoy sabemos que las personas agradecidas son menos propensas a la depresión y gozan de mejor salud. Curiosamente, también podemos medir científicamente que quien es sinceramente amable y agradecido, es considerado más atractivo.

Quizás es puro sentido común que las personas amables resulten más agradables físicamente que los hoscos, los arrogantes o los antipáticos, pero desde la gratitud que emerge de la humildad y la confianza, sabemos también hoy que los ancianos que se muestran más abiertos a la relación y a la conversación amable con otras personas tienen menos probabilidades de contraer la enfermedad de Alzheimer, o que los niños que reciben más amor y atención se convierten en niños más inteligentes y saludables. Porque, tal y como escribe Piero Ferrucci en su necesario libro El poder de la bondad, estas actitudes y conductas, que constituyen diversos aspectos de la bondad –y la gratitud es una de ellas- nos aproximan a lo que estamos destinados a hacer y a ser.

Es muy sencillo: si nos relacionamos mejor con los demás, nos sentimos mejor y hacemos más agradable el tránsito por la existencia. En este sentido, el lúcido Oscar Wilde escribió: “Quizás el único egoísmo justificable, el egoísmo verdaderamente inteligente, consiste en procurar que los demás estén muy bien. De este modo, nosotros también estaremos algo mejor”.

Por ello, la gratitud es también un placer; ¿por qué negarnos a él? Si al disfrute del favor recibido, del regalo obtenido, del gesto amable, añadimos nuestra gratitud, sumamos al placer de lo primero el placer del reconocimiento al proveedor del bien que hemos recibido.

Además, ¿qué será de la amistad sin la virtud de la gratitud? Se nos antoja difícil, por no decir imposible. La existencia y la presencia del amigo se viven como uno de los mayores regalos que uno puede esperar recibir en esta vida. Porque agradecer es dar, es compartir, es partir con el otro en el viaje de la existencia, y en ese viaje, la gratitud nos hace crecer a todos.

Luego, la invitación es simple: tomemos conciencia de cuanto nos rodea que es objeto susceptible de nuestra gratitud. Permitamos que ésta se manifieste, se exprese. Hacerlo es sembrar semillas de conciencia, de amistad, de encuentro y, por supuesto, de buena vida.

Alex Rovira

 

Publicado el:05/11/2010admin

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *