Encontrar la palabra justa

Somos sólo palabras, palabras que retumban en el éter. Palabras musitadas, gritadas, escupidas, palabras repetidas millones de veces o palabras apenas formuladas por bocas titubeantes. Yo no creo en el Más Allá, pero creo en las palabras. Todas las palabras que las personas hemos dicho desde el principio de los tiempos se han quedado dando vueltas por ahí, suspendidas en el magma del Universo. Esa es la eternidad: un estruendo inaudible de palabras. Y a lo mejor los sueños también son sólo eso: a lo mejor son las palabras de los muertos, que se nos meten en la cabeza mientras dormimos y forman imágenes (La Hija del caníbal. Rosa Montero)

No es nada fácil encontrar la palabra justa, sobre todo cuando nos movemos en el ámbito emocional. Nuestro pensamiento es veloz y se mueve en muchas direcciones a la vez. La palabra está siempre -como dice Saramago- necesitando pedir permiso, tropezando con la duda, dando vueltas a un adjetivo o a un tiempo verbal que surge sin hacerse anunciar por el sujeto. A veces decimos lo que no queremos decir, o no somos capaces de expresar o encontrar las palabras adecuadas para pronunciar lo que sí necesitamos decir. Pero son las palabras precisas, acertadas y bien hilvanadas las que son capaces de llenar las ausencia, abrir las ventanas de otra alma y dotar de sentido nuestra experiencia vital.

 

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