Empatizar con nuestros hijos

Las señales que recibimos de nuestros hijos pueden ser confusas y difíciles de entender. Un día (o minuto) podrían mostrarse amistosos y comunicativos y al siguiente podrían estar enfadados y rechazarnos.

Nuestra capacidad para comunicarnos con ellos dependerá en gran medida de que podamos transmitirles la solidez de nuestro compromiso con ellos, incluso en momentos en que se cuestionen su relación con nosotros o rechacen nuestros acercamientos y preguntas.

Para poder ser empático ante el rechazo, es necesario no permitir que se interpongan nuestros sentimientos de dolor, porque evitan que veamos el dolor que nuestro hijo puede estar sintiendo. Nuestros hijos deben sentir que seguimos conectados con ellos de alguna manera, por odioso que sea para nuestra mente el disfraz que lleven puesto o el hechizo que les tenga atrapados. Se trata de mostrar una perseverancia consciente que no procede de nuestro deseo de controlarles, o reprimirles, o aferrarnos a ellos por necesidad propia. Procede de nuestro compromiso de estar presentes como ellos lo necesiten, de demostrarles que no están solos y que no hemos perdido de vista quiénes son y lo que significan para nosotros.
¿No es cierto para todos nosotros que cuando nos sentimos perdidos, tristes y torpes nos es de gran ayuda sentir que aquellos que están más cerca siguen siendo nuestros aliados y son capaces de ver y amar a nuestro ser esencial? Por lo tanto, nuestra labor de padres es seguir reconstruyendo y restaurando la relación con nuestros hijos, aunque requiera tiempo, atención y compromiso.

Jon Kabat-Zinn

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