El tono de voz nos delata

Nuestra voz hace resonar nuestros estados internos. La voz lo revela todo de nosotros, aunque no nos demos cuenta de ello.

El tono de la voz nos conecta esencialmente con nuestras emociones. Es curiosa la forma en que las personas que nos conocen captan enseguida nuestros estados de ánimo a través del tono de la voz, como si por él se escapara nuestro tono vital. Comunicamos lo que sentimos a través de nuestro altavoz personal. Cuando mandamos mensajes podemos distinguir cuatro canales o tonos principales:

Autoridad

Algunas personas usan habitualmente un tono enérgico y alto: “Haz esto”. Sus palabras suenan exigentes, obligatorias. Son aptas para dar órdenes, cosa que no gusta a muchos.

Expectativa

Aunque no tiene una sonoridad tan autoritaria, sí mantiene un retintín, con cierto aire de ironía, de suposición sobre nuestra conducta: “Supongo que lo harás…”. No se dicen las cosas claras, se insinúan.

Súplica

Hay personas que parece que vayan pidiendo perdón por existir. Lo piden todo bajito, rogando. Tiene ese aire de “por favor” continuo: “Por favor, ¿lo harás?”.

Deseo

Es el tono que expresa más madurez. No hay expectativa ni obligatoriedad. Suena a libertad, a elección: “Me gustaría que lo hicieras…”, suena a deseo.

Así como los tres primeros canales, autoridad, expectativa y súplica, se manifiestan ya desde niños, el deseo es más propio de la madurez y de la seguridad de uno mismo. No existen encuestas, pero parece que el canal con más adeptos es el de expectativa.

Te invito a reflexionar sobre tu canal habitual. Pregúntale a familiares, compañeros o amigos. Es importante darse cuenta de nuestro canal prioritario puesto que a menudo nos cuesta encontrar explicaciones a los resultados que obtenemos al pedir cosas, dar órdenes o expresar opiniones.

Si pudiéramos oírnos a nosotros mismos, seguro que muchas cosas cambiarían de tono.

Xavier Guix

 

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