El tiempo real de dedicación exclusiva

Cuando los padres consultamos acerca de los “niños que no tienen límites”, suelo sugerir una tarea muy difícil: que permanezcamos quince minutos sentados en el cuarto del niño sin hacer nada. No es necesario que juguemos con el niño si él no lo requiere. Basta con observarlo y estar disponible.

Aunque parezca increíble, casi ninguna madre lo logra. Porque ha sonado el teléfono móvil o regresamos tarde de una fiesta de cumpleaños o hemos hecho las compras o la abuela está enferma. En concreto, no podemos ocuparnos quince minutos al día en exclusiva a nuestro hijo, a quien denominamos “el sol de nuestra vida”.

Permanecer quietos junto al niño permite que el pequeño se tranquilice. Las madres hacemos lo contrario: cuando está tranquilo, huimos “aprovechando” que está entretenido. Entonces el niño interpreta lo siguiente: “Cuando estoy tranquilo y juego solo, pierdo a mi mamá. En cambio, si molesto, grito o lloro… mi mamá se queda conmigo”.

Laura Gutman

 

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