Educarles más comprometidos con los demás

Según estudios, muchos padres creen que la felicidad y la autoestima son la base para la moralidad, es decir, que “sentirse bien” llevará a “hacer el bien”. Sin embargo, la autoestima no lleva a la responsabilidad y a preocuparse por los otros (los ejecutivos corporativos codiciosos y los jefes de bandas pueden tener una alta autoestima).

Aquí se presentan algunas ideas para cambiar la balanza de una forma de ejercer como padres enfocada en la autoestima y la felicidad de sus hijos hacia la responsabilidad y el compromiso con los demás, y además, para desarrollar unas capacidades sociales y emocionales claves en los niños, para que sean una base tanto moral como de bienestar duradero.

-Ayuda a tus hijos a que aprecien a los demás. Por ejemplo, no les dejes que traten a una empleada, a una camarera o a las canguros como si no existieran; no dejes a tus hijos que abandonen un equipo deportivo o el coro del colegio sin reflexionar con ellos lo que significaría para el grupo; no dejes a tu hijo que borre sin más a los amigos que considera fastidiosos, o que descuide en devolver las llamadas de los amigos o que no valore los logros de otros amigos; cuenta con que tu hijo ayude en la casa y ayude a los vecinos.

– Procura que tus hijos te aprecien. Su  relación contigo será un modelo primario para sus otras relaciones. Eso no quiere decir que tu seas el centro de atención. Significa no permitir que tus hijos te pisoteen, esperando que expresen una pizca de interés sobre los acontecimientos importantes en tu vida y que te agradezcan tu generosidad.

– No te enfoques directa y estrechamente en desarrollar la felicidad y la autoestima de tus hijos. En vez de esto, ayuda a que tus hijos maduren. La madurez, incluyendo la habilidad para controlar los sentimientos destructivos, de equilibrar y coordinar nuestras necesidades con las de los demás, de ser empáticos, de recibir las reacciones de forma constructiva, de reflexionar, y de ajustar nuestro comportamiento, es el centro tanto de la moralidad como de un bienestar duradero.

– Al mismo tiempo que es importante ayudar a los niños a comprender y a articular sus sentimientos, es bueno evitar prestar demasiada atención a estados emocionales pasajeros; los niños podrían dramatizar en exceso sus sentimientos.

– Alaba a tus hijos por logros específicos y, ocasionalmente, diles lo bueno que son. No es adecuado el elogio continuado. Si se elogia a los niños todo el tiempo, pueden sentir que también son juzgados todo el tiempo. Los niños podrían sentir que son tratados con paternalismo si se les alaba sin merecerlo. Y demasiada alabanza – al decirles constantemente “eres increíble” – puede que haga que los niños sientan que su valor esencial va en la línea de todo lo que hacen, haciéndoles inflar su importancia, adquiriendo demasiado crédito o demasiada culpabilidad.

– No hagas que los grandes logros sean el objetivo en la vida. Demasiada presión por alcanzar cosas puede disminuir el sentido que los niños tienen de sí mismos, les hace menos capaces para preocuparse por los demás, y es más probable que vean a los demás en primer lugar como competidores y amenazas. Ajusta tus sentimientos en cuanto a las metas y al estatus social de tal forma que no envíes mensajes de doble significado o aparezcas como un hipócrita o una hipócrita ante tus hijos, minando tu autoridad.

– Ayuda a tu hijo a diferenciar lo que es amabilidad y la falta de ella, justicia e injusticia en el mundo. Escucha cuidadosamente, sin juicios precipitados, las preguntas y los dilemas sobre la moral que plantee tu hijo. Expresa tus propios valores, y conéctalos a las experiencias e interpretaciones de tu hijo.

– No busques ser el amigo de tu hijo. Puedes acercarte mucho a tu hijo de muchas formas, pero es vital que los niños te vean como a una autoridad, que te idealicen en ciertas cosas de su desarrollo y que te vean como a alguien a quien quieren emular. Los niños llegan a apreciar a los demás como seres independientes y distintos cuando nosotros los vemos también a ellos como distintos.

– Cuando nazca tu primer hijo, haz una especie de contrato con al menos otros dos padres, una promesa de que ellos te dirán si piensan que estás dañando en cierta forma el desarrollo moral o emocional de tu hijo.

Richard Weissbourd

Traducción: Rafael Fernández Louro

 

Publicado el:16/03/2010admin

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