Conciliar trabajo y vida familiar

El trabajo profesional, cualquiera que sea, siempre que sea honrado, constituye una noble y necesaria actividad. En ella ponemos en juego todos nuestros talentos y nuestra pasión, sobre todo si tenemos la posibilidad de ejercer un trabajo interesante y comprometedor. En este caso resulta además satisfactorio, porque nos permite activar nuestras facultades, verlas en cierto sentido “materializarse”. Muy  diferente es el modo de estar con nuestro hijo.

Debemos ponernos a su nivel. Y aquí nos tropezamos con dos dificultades: por una parte, el insuficiente conocimiento de su especificidad;  y por otra, la necesidad de poner nuestro cerebro en la misma longitud de onda que la del niño, cosa nada fácil y que requiere esfuerzo.

Ante esta realidad, puede resultar más satisfactorio el trabajo. Y de este modo el niño se encuentra a menudo jugando solo, por ser escaso el tiempo que le dedicamos. ¿Cómo conciliar entonces el trabajo profesional con la educación de nuestros hijos, que requiere tiempo?

La respuesta es sustancialmente simple, pero no de sencilla aplicación. Tenemos que ponernos límites. El trabajo es importante, pero nuestro hijo tiene un valor enormemente superior. ¿Qué sentido puede tener en nuestra vida el mayor éxito profesional, si “perdemos” a nuestro hijo? Si no logramos entablar una relación verdadera, auténtica, hecha de complicidad, de participación conjunta, e incluso en ciertos momentos de choque, cabe sencillamente afirmar que hemos fallado como padres.

Las reuniones, los viajes, las citas que el trabajo nos exige y nos vemos obligados a llevar a cabo, no pueden incidir de manera determinante en nuestra función de padres. Seamos lo que seamos: ingenieros, médicos, profesores, universitarios, políticos, actores, obreros, empleados, etcétera. Si tenemos hijos, somos padres con responsabilidades hacia ellos. Y por tantas razones que no reseñamos, pero que son fácilmente comprensibles, ser padres es más importante que todo lo demás.

A. Astrei, G. Astrei y P. Diano. Los errores de papá y mamá.

 

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