El amor ni existe ni se encuentra. Se construye a fuerza de amar y esta construcción, una vez iniciada, nunca puede darse por finalizada.

Busco a la persona que sea capaz de amar al otro sin castigarlo por ello, sin hacerlo prisionero o desangrarlo; esa persona que sepa llevar a cabo un amor independiente de ventajas o desventajas sociales, para que el amor sea siempre un fin en sí mismo y no siempre el amor con vistas a un fin”. Carl Jung expresaba este deseo en una de las cartas que forma parte de su correspondencia con Sigmund Freud al inicio del siglo pasado. El deseo de hallar una persona capaz de dar un amor en estado puro no contaminado por otras finalidades. Después de casi un siglo, ¿en qué punto estamos? ¿Qué significa para nosotros el amor y qué supone el amar a principios del siglo XXI? ¿Nos hemos acercado o, al contrario, nos hemos alejado aún más del ideal de Jung? Os proponemos reflexionar sobre ello.

EL AMOR NO SE ENCUENTRA

Necesita un constante mantenimiento y renovación puesto que puede derrumbarse de no hacerlo. Amar es un arte y un acto de creación. Enamorarse es algo involuntario y fácil, pero construir el amor es voluntario y difícil, como todo arte. Pide tiempo, dedicación, paciencia, disciplina, esfuerzo, comunicación, responsabilidad, cuidado y respeto al misterio del otro.

NECESIDAD NO ES AMOR

Cuando la ausencia del otro nos duele en todo el cuerpo, cuando sólo su presencia nos llena… ¿es amor o dependencia? Porque no es lo mismo “necesitar amar a fin de sentirnos bien”, que “elegir amar porque nos sentimos bien”. Adicción es cualquier cosa que reduce la vida mientras que la hace parecer mejor. A veces buscamos lo que a nosotros nos falta y deseamos tener y, cuando encontramos a alguien que reúne estas cualidades, lo queremos retener en exclusiva, puesto que nos aporta algo de lo que carecemos. Aquí se inicia la dependencia. Una persona se convierte en la víctima de las víctimas cuando su necesidad de ser amada eclipsa su necesidad de ser respetada. Es maravilloso poder compartir libremente con alguien nuestras emociones, ideas o actividades, pero es muy peligroso que, sin su presencia, nos sintamos infelices y no podamos prescindir de él.

SACRIFICIO NO ES AMOR

Uno de los malentendidos clásicos sobre el amor pasa por la creencia de que el amor supone sacrificio. Pero el sacrificio es una forma de deterioro del amor. No debemos confundir generosidad hacia el otro con estar dispuestos a sufrirlo todo para demostrarle nuestro amor. No es amor aguantarlo todo ni renunciar a nuestra propia evolución y proyecto vital. Si así lo hacemos, dejamos de respetarnos, y para amar bien, el respeto, el cuidado y el amor por nosotros mismos son requisitos esenciales.

EGOÍSMO PARÁSITO

El animal más repugnante que he hallado entre los hombres lo he llamado parásito. No quería amar y quería vivir del amor (Nietzshe)

Sin generosidad no es posible el buen amor. Hay quien cree que por el simple hecho de ser como es ya tiene el derecho a ser amado. Pero el amor no es un derecho sino una conquista, una construcción y un logro. El parásito busca alguien que le ame pero no está dispuesto a hacer ningún esfuerzo para contribuir al crecimiento de la relación. Vive de lo que aporta el otro, de sus relaciones, de sus aficiones, de sus iniciativas y de su afecto, pero no da nada o muy poco. No es generoso ni manifestando amor ni amando, con todo lo que amar significa. En la vida sólo hay una verdadera privación: No ser capaces de darnos a aquellos que más amamos. Las personas egoístas no sólo son incapaces de amar a los demás sino que tampoco se saben amar a si mismas.

AMAR SÓLO A UNA PERSONA ES DEPENDER

Todas las personas sueñan con la libertad pero están enamoradas de sus cadenas (Khalil Gibran)

Alguien que dice amar sólo a una persona ha construido un vínculo de dependencia y no de amor. En realidad, no ama bien a ninguna. No es posible limitar el amor. Pretender dar nuestro afecto en exclusiva o intentar ser los únicos poseedores del amor de alguien es una estrategia poco inteligente. La ecología emocional defiende la importancia de diversificar los afectos ya que cuanto más amemos, más aumentará nuestra capacidad de amar. La exclusividad reduce nuestro territorio emocional, nos limita y nos resta práctica en el arte de amar. No debemos olvidar que, aunque amemos muchas personas, tenemos la capacidad de amar a muchas más y también de amarlas mejor.

SOBRE EL AMOR INCONDICIONAL

Para que una relación crezca de forma armónica y creativa deben producirse intercambios equitativos. Es normal que a veces sea uno quien aporte más tiempo, más esfuerzo, más cuidado o más dedicación a la relación y que, en otras ocasiones, sea el otro quien lo haga. Un intercambio equitativo no significa que si damos siete debamos recibir inmediatamente siete como contrapartida. Pero si siempre recibimos del otro dos, o cuatro y nunca siete o diez, empezamos a sentir descontento, a pensar que la relación es injusta y a entender que algo anda mal. Posiblemente exista un problema de falta de generosidad, de comodidad, o desinterés para construir el amor conjunto. El amor real se mueve en un contexto condicional aunque generoso. No debe ser en ningún caso una relación mercantil en la que siempre debamos quedar a la par, pero sí que debe ser una relación justa para ambos. En caso contrario, no será posible mantener una relación equilibrada y madura.

BRAZOS ABIERTOS

Leo Buscaglia plantea la importancia de no intentar retener ni aprisionar al otro: El amor exige brazos abiertos. Con lo brazos abiertos uno deja que el amor venga y se vaya a voluntad, libremente, pues de todos modos así lo hará. Si uno cierra sus brazos para retener al amor, hallará que sólo se retiene a si mismo”.

Nuestras creencias y visiones de la realidad mueven determinadas emociones y pueden llegar a determinar nuestras conductas. No hay más realidad que la que llevamos en nuestro interior. Muchas personas viven de forma irreal porque su visión interior está distorsionada por creencias que no favorecen ni su proyecto vital ni la construcción de relaciones de calidad. El amor pide valor, capacidad de asumir riesgos y, sobre todo, trabajo y esfuerzo diario para mantener el misterio, la creatividad y la comunicación. Ahora bien, si pensamos que una relación así no es posible, ni siquiera nos vamos a esforzar y, aunque suspirar por otra persona está muy bien, el suspiro por sí mismo no va a hacer que ésta se aproxime. Es importante aprender a luchar por lo que queremos, uniendo el sentimiento con la voluntad y la acción inteligente.

EL MIEDO A AMAR

Entrar a fondo en el amor significa estar dispuesto a correr riesgos, y esto da miedo. Muchos se quedan “a las puertas”. La rutina y la seguridad de lo que ya se conoce puede ahogar nuestro impulso creativo y dificultar la activación de nuestra capacidad para dar y recibir sorpresas. Salir de lo establecido, abandonar nuestra franja de comodidad y convivir con la incertidumbre y el misterio del otro es un reto extraordinario. Lo curioso es que, a pesar de que algunas personas no se sienten satisfechas con sus relaciones superficiales, prefieren resignarse antes que arriesgarse a cambiarlas. Amar es un viaje en el que es necesario estar dispuesto a perderse para reencontrarse; aprender a soltar para recuperar, y a irse para no asfixiar. ¿El amor es eterno? Lo es, mientras lo hacemos durar. Pero para que algo dure primero debe iniciarse. Hay quien opta por no iniciar el camino para no enfrentarse a algo que teme más que a la propia ausencia del amor: perderlo.

ARRIESGARSE

Perdemos muchas cosas por el miedo a perder. En todas las historias de amor existe, en el fondo, el miedo a la partida, al final y al adiós. Y el miedo a la pérdida, al abandono y al rechazo puede llegar a pesar tanto que haya quien prefiera no amar para no arriesgarse a sufrir. El deseo de control, el miedo al riesgo y el espíritu calculador suelen ser incompatibles con el amor.

ACTUALIZAR AMOR EN AMAR

Para la mayor parte de la gente, el problema del amor consiste fundamentalmente en ser amado y no en amar (Erich Fromm)

De la teoría a la práctica. De nada nos sirve un amor sólo pensado y no vivido. Si bien el amor platónico es menos arriesgado, también es menos gratificante. Lo mejor de actualizar el amor en amar es el hecho de que nadie nos puede impedir ejercer esta capacidad. Si nos quedamos pasivamente esperando a que venga alguien y nos ame, podemos estar aguardando toda nuestra vida. Amor y pasividad son conceptos incompatibles. Y si tenemos la suerte de amar y ser amados, aún podemos ir mejorando la actualización de nuestro amor mediante acciones diarias que aumenten su calidad y profundidad. Como resultado se pone en marcha el efecto boomerang y vamos recibiendo más y mejor amor. Se inicia una aventura en la que nosotros somos a la vez guionistas y protagonistas.

Juntos pero no atados. Soler y Conangla

 

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