Desarrollo personal

La contaminación emocional

La contaminación emocional es el fenómeno por el cual somos capaces de lanzar al exterior, de forma totalmente indiscriminada e irresponsable, nuestras basuras emocionales, prescindiendo del impacto que van a tener en el clima emocional global del conjunto.

La gestión desadaptativa de nuestras emociones se produce cuando no aplicamos la regla de Aristóteles: Expresar lo que sentimos a la persona adecuada, en el momento adecuado, con el propósito justo y de la forma correcta. Porque ¡cuántas veces nos enfadamos con una persona y descargamos la tensión emocional en otra distinta, o bien expresamos lo que sentimos pero sólo para vengarnos y hacer daño! Cuando prescindimos de esta regla, de forma habitual y sin ningún tipo de precaución, nuestras relaciones personales se resienten y, muy especialmente, nuestra relación de pareja.

La abulia, la ansiedad, los celos, el desánimo, el enojo, el mal humor, el rencor y el resentimiento, así como la preocupación, la agresividad, la posesividad y el egoísmo son algunos afectos y conductas de elevado riesgo de contagio y peligrosamente contaminantes. Será preciso aprender a manejarlas con prudencia para preservar el clima emocional ecológico de nuestras relaciones. No es justo abusar de la confianza de los otros para utilizarla de vertedero emocional. Si lo hacemos así, el deterioro de nuestra relación será progresivo y, a veces, irreversible.

Soler y Conangla. Ecología emocional

El perfeccionismo utópico

¿Cuántas personas se han roto por el camino intentando conseguir esta utopía? ¿Cuántos desengaños se han llevado? ¿Cuántas energías desperdiciadas? ¿Por qué nadie se lo advirtió?: “Nadie puede ser perfecto“.

Sigue leyendo

El olvido como mecanismo de supervivencia

Si durante la infancia, las personas muy cercanas afectivamente, como nuestra madre o nuestro padre, han sido al mismo tiempo protectores y depredadores de nuestro ser interior, nos han alimentado, pero también han violentado nuestras emociones, se produce un fenómeno: la conciencia se divide.

Sigue leyendo

El mito de la llegada

“La meta es el camino”

La felicidad no se compra, el dolor es parte necesaria de la vida. Estas afirmaciones desafían un mito común en nuestra cultura. Lo denomino “el mito de la llegada”. También se podría denominar “la ilusión de la curación”, “el mito de la conclusión” o “la pantomima del vivir felices para siempre”. Es un tema dominante y arraigado en nuestra vida, es un mensaje en la formación de los niños y una tentación increíble dentro del mercado de libros de autoayuda y superación.

Sigue leyendo

La verdad sobre la autoayuda

“Aunque la mayoría de las personas no van hacia ninguna parte, es un milagro encontrarse con una que reconozca estar perdida”. Estas palabras del filósofo José Ortega y Gasset (1883-1955) siguen vigentes en la actualidad. La gran mayoría de nosotros nos limitamos a sobrevivir. Trabajamos. Consumimos. Y tratamos de divertirnos todo lo que podemos. Pero en general no sabemos para qué vivimos. De ahí que muchos vaguemos por la vida como “boyas a la deriva”.

Sigue leyendo

Con la imaginación es posible salir de casi todos las situaciones adversas

El cachorro, el mono y el tigre

Un cachorrito de perro, perdido en la selva, vio un tigre que vino hacia él. Necesitaba urgentemente una idea que le salvase del tigre. Entonces vio unos huesos en el suelo y comenzó a morderlos. Cuando el tigre estaba a punto de atarcarle, el cachorro dijo en alto: – ¡Ah, este tigre que acabo de comer estaba delicioso! El tigre, entonces, paró bruscamente y, muerto de miedo, dio media vuelta y huyó aterrorizado mientras pensaba para sí: – ¡Menudo cachorro feroz! – ¡Por poco me come a mi también!

Un mono que había visto todo, fue detrás del tigre y le contó cómo había sido engañado por el cachorro. El tigre se puso furioso y dijo: – ¡Maldito cachorro! – ¡Ahora me lo va a pagar!

El cachorro que vio como volvía el tigre con el mono sentado encima, pensó: – ¡Ah, mono traidor! ¿Y qué hago ahora? Volvió a pensar y se le ocurrió una nueva idea: se puso de espaldas al tigre y cuando este llegó y estaba preparado para darle el primer zarpazo, el cachorro dijo en voz alta: – ¡Será perezoso el mono! – ¡Hace una hora que le mandé para que me trajese otro tigre y todavía no ha vuelto!

Los prisioneros de la caverna

Érase una vez un grupo de hombres y mujeres que habían sido desterrados al fondo de una caverna y sometidos a un potente narcótico para olvidar la existencia de las realidades exteriores a la gruta. Se les había sentado en un asiento confortable para que contemplaran un juego de sombras sobre la pared del fondo. A sus espaldas, hábiles titiriteros agitaban sus figurillas ante una hoguera, ejecutando todo tipo de escenas que se proyectaban sobre la pared. Los prisioneros estaban tan cautivados por las peripecias de las sombras que danzaban ante ellos que no necesitaban ya medicamentos para estar tranquilos. Además, muchos se identificaban totalmente con uno de los espectros y pasaban su vida llorando por sus desgracias y alegrándose de sus éxitos. Un detenido llamado Sócrates logró, sin embargo, liberarse del espectáculo; después, de sus cadenas; y salió de las entrañas de la roca para aspirar la pureza del aire. Se dio entonces cuenta de las maravillas del mundo exterior, mucho más consistentes que las fantasmagorías de la caverna. Vio el color del cielo y de las flores. Escuchó el canto de los pájaros. Pero no queriendo guardarse todo esto para él solo, regresó lleno de entusiasmo al abismo oscuro, a fin de liberar también a sus compañeros. Pero ante su gran sorpresa, estos rechazaron creerle y le participaron la felicidad de su condición. Sócrates insistió y provocó la cólera de los titiriteros, deseosos de conservar su poder. Fue condenado a muerte por ser un peligroso iluminado. El espectáculo continúa…

Platón, La República, libro VII