Cambiar el reloj por la brújula: tener un norte claro

“-¿Podrías decirme, por favor, qué camino he de tomar para salir de aquí?

-Depende mucho del punto adonde quieras ir- contestó el Gato.

-Me da igual dónde- dijo Alicia.

-Entonces no importa qué camino sigas- dijo el Gato.

-… siempre que llegue a alguna parte- añadió Alicia, a modo de explicación.

-¡Ah!, seguro que lo consigues –dijo el Gato-, si andas lo suficiente”

(L. Carroll)

Como bien afirma el Gato de Cheshire en su diálogo con Alicia, el camino que queramos tomar va a depender de a dónde pretendamos llegar. Es fundamental tener un norte bien definido, ya que el objetivo orientará la acción. Se suele afirmar que “el que tiene un por qué, buscará el cómo” o como apunta Séneca, “ningún viento es favorable para el hombre que no sabe a dónde va”. Quien no tiene claro el norte, como el personaje de Alicia, le da lo mismo elegir un camino que otro. He ahí la importancia que éstas vayan en la dirección adecuada.

La realidad se impone. A. Camus lo expresaba de manera intensa: “Los hombres siguen muriendo y no son felices”. Todos deseamos más tiempo, pero la experiencia demuestra que nuestro modo de actuar va por otro lado. Parecemos “Lemmings”, pequeños animales roedores del Norte de Europa que, según la tradición, cuando tienen superpoblación emigran y, a veces, se arrojan a los ríos, a los lagos o al mar desde peñascos simulando una cascada. De manera similar, la mayoría de las personas se quejan de los actuales estilos de vida, pero nadie los cuestiona y en masa inexorablemente se camina al precipicio o “suicidio colectivo”.

Se tiene el deseo de cambiar pero nadie da el paso adecuado, sino que más bien se orienta en otra dirección. El ser humano actual se convierte en un “bulímico de deseos”. Nuestros deseos crecen con más rapidez que el tiempo que tenemos para satisfacerlos y el día a día sigue alimentando este “círculo vicioso” de la existencia.

A veces, puede ser necesario que un observador externo nos interpele. ¿Qué deseamos realmente? ¿Tienen sentido nuestros estilos de vida? ¿Vale la pena ese torbellino o agitación desproporcionada que nos puede llevar hacia el abismo?

Como en el cuento de Andersen El traje nuevo del emperador –inspirado en un relato anterior del Conde Lucanor- sería conveniente que un niño con su ingenuidad e inocencia cuestionara sobre la realidad que se vive y exclamase: “¡Pero si no lleva nada!”, y en nuestro contexto afirmase: “¡Pero si no conduce a nada!”. Por mucho que queramos disimularlo, la sociedad está enferma y nosotros somos los cómplices que reforzamos sus patologías.

¿Qué es lo que realmente deseo?

El siguiente ejercicio puede ayudar a clarificar:

1. Ten en mente una semana normal de tus últimos meses.

2. Intenta ser consciente de a qué tipo de actividades dedicas tu tiempo. Anótalas.

3. Agrupa las actividades por áreas. Por ejemplo, trabajo, familia, relación social, ocio, dedicación o cuidado personal.

4. Traslada tu selección a un baremo numérico en el que la puntuación máxima sea 100. Es decir, tienes que distribuir 100 unidades entre las cinco áreas, según el tiempo que empleas en cada una. ¿Qué porcentaje dedicas a cada una de las cinco áreas?

Este ejercicio sirve para sensibilizarse ante el desnivel que suele presentarse entre lo que se desea y la realidad. Analizar la realidad es el primer paso para poder transformarla.

Fuente: La sabiduría de la tortuga. José Luis Trechera

 

 

 

Publicado el:12/10/2010admin

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *